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viernes, 14 de diciembre de 2012

DECADENCIA EN TIEMPOS DE EZEQUIEL

 
¡Existe un relato impresionante de apostasía y
decadencia en el tiempo de Ezequiel--y en tales
tiempos, Dios busca a uno, que será su testimonio!

 
Israel en los días de Ezequiel era obsceno y orgulloso. Los hombres cometían abominaciones con las esposas de sus vecinos e incluso mancharon a sus nueras. Los profetas que una vez fueron santos se deslizaron, llegando a ser amantes del dinero y ya no discernían entre lo santo y lo profano. Y los líderes de la nación se volvieron lobos rapaces, buscando ganancias deshonestas, derramando sangre, hablando mentiras y molestando al pobre. ¡Todo suena tan similar a nuestros tiempos!

Israel se olvidó tanto de los caminos de Dios, que el Señor les dijo, “¡La casa de Israel ha llegado a ser como escoria para mí!” La nación estaba tan débil, mundana e impotente que Dios les hizo el hazmerreír al mundo secular. Él dijo, “...por consiguiente yo le he hecho un reproche a los paganos, y una burla a todos los países” (Ezequiel 22:4).

¡Qué acusación! Dios le estaba diciendo a Israel, “¡Has despreciado tanto las cosas santas, entregándote completamente a la lujuria, que voy a despojarte de tu testimonio!”

El profeta Ezequiel era un hombre mayor en este tiempo, a punto de morir. Así que, ¿cómo trato Dios con la situación? Le dijo a Ezequiel, “Busqué un hombre entre ellos, que construyera vallado, y estuviera de pie ante mí por la tierra, para que yo no la destruyera: pero no lo hallé” (versículo 30).

Imagínese—el destino de Israel descansaba en si Dios podía encontrar un hombre justo en quien confiar. Aún le dijo a Ezequiel, “...pero no lo encontré. Por consiguiente, he derramado mi indignación sobre ellos...” (versículos 30-31).

Dios dijo lo mismo al profeta Jeremías: “Recorred las calles de Jerusalén...buscad...a ver si halláis un hombre, si hay alguno que haga justicia que busque verdad; y yo la perdonaré” (Jeremías 5:1). Él le dijo al profeta, “Perdonaré a la nación entera si puedo encontrar sólo un hombre que esté de pie en la brecha. ¡Todo lo que necesito es un alma que esté rendida totalmente a mi voluntad!”

Amados, hoy oímos las voces de Babel en la iglesia clamando por formas más relevantes y contemporáneas de alcanzar el mundo. Y tantos programas extraños y carnales son probados. Sin embargo, en mis muchos años de ministerio, he visto estos tipos de programas que vienen y van. Cuentan totalmente en aplacar la carne; no tiene nada que ver con la cruz. Las multitudes que atraen viven vidas vacías, vidas irrealizadas, nunca han sido expuestas al evangelio de separación del mundo y su lujuria. El mundo se burla de estos programas, reconociéndolos como simple tontería.

Cualquier ministro o promotor puede desarrollar tal desperdicio. Una persona incluso puede vivir como el diablo e implementar programas aparentemente piadosos. En efecto, todo lo que necesitas es una mente aguda y estrategias de un ejecutivo para construir una mega-iglesia. Aún si lo haces apartado de Dios—sin su justicia o santidad—será un hedor en sus fosas nasales. Es un evangelio sin respaldo de un verdadero testimonio. ¡No tiene poder para liberar!

También he notado a través de los años que mientras más deslizado esta el predicador, más se vuelve al evangelio del entretenimiento y las “nuevas obras” para atraer a las multitudes. Y confía en números y finanzas para juzgar su propio éxito. ¡Pero no hay ningún testimonio acompañando tales obras—porque son de otro evangelio, otro Jesús!

Un pastor verdaderamente piadoso tiene sólo una meta en su ministerio: ¡No dar ningún descanso a su alma hasta que haya coronado a Jesús Señor en cada área de su vida—y traerse a sí mismo y sus ovejas bajo el reino gobernante del Espíritu Santo!

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