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lunes, 15 de octubre de 2012

VER LA GLORIA DE DIOS

 
Creo que hay una sola cosa que puede mantenernos caminando hacia adelante en los tiempos malos que se aproximan  y esa es el entendimiento de la gloria de Dios.  Ahora, esto puede parecerte como un concepto muy alto y elevado para ti, uno que hay que dejárselo a los teólogos.  Pero estoy convencido que el asunto de la gloria de Dios tiene un valor real y práctico para cada verdadero creyente.  Al entenderlo, abrimos la puerta a una vida de vencedores!
 
En mi busqueda personal, he descubierto dos verdades importantes en este asunto:

1.  La gloria de Dios es una revelación de la naturaleza y ser del Señor.

Recordarás que en el Antiguo Testamento Moisés recibió un indicio de la gloria de Dios. Antes de eso, Dios envió a Moisés sin explicación alguna de él, aparte de las palabras "YO SOY".  Pero Moisés quería saber más de Dios.  Así que le rogó: "Señor, muéstrame tu gloria."

Dios le respondió tomando a Moisés y poniéndolo en la hendidura de una roca.  Entonces, dicen las Escrituras, que él se reveló a Moisés en toda su gloria: "Y pasando Jehova por delante de él, proclamó: Jehova! Jehova! Fuerte y misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado." (Ex. 34:6-7).

Creo que este pasaje es esencial para nuestro entendimiento de quién es nuestro Señor.  A menudo, cuando pensamos acerca de la gloria de Dios, pensamos en su majestuosidad y esplendor, su poder y dominio, o alguna manifestación en su pueblo, tales como una adoración exuberante.  Todas estas cosas pueden ser el resultado de ver la gloria de Dios.  Pero esta no es la gloria con que él desea que lo conozcamos.

La manera en que Dios quiere que conozcamos su gloria es por medio de la revelación de su grande amor por la humanidad.  Y eso fue precisamente lo que le reveló a Moisés: "Fuerte y misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado"(Ex. 34:6-7).

El Señor está siempre dispuesto a mostrar su amor por nosotros, a perdonarnos, inundarnos con su misericordia y restaurarnos a él!

La revelación de la gloria de Dios tiene un poderoso efecto en aquellos que la reciben y oran para tener el entendimiento de ella.

Hasta ese momento, Moisés había visto al Señor como un Dios de ley y de ira.  Él temblaba delante de la presencia del Señor - pidiendo, clamando y rogando ante él por Israel.  Esta había sido la base de su relación cara a cara con el Señor.

Y ahora, en el primer enfrentamiento con la gloria de Dios, Moisés ya no estaba temeroso del Señor.  Por el contrario, él fue movido a adorar: "Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró" (verso 8).  Él vio que Dios no solo era trueno, relámpago y trompeta de agudos sonidos que lo hizo temblar de miedo.  Por el contrario, Dios era amor y su naturaleza era una de bondad y de tierna misericordia!

¿Puedes ver la verdad inconfundible que las Escrituras nos presentan aquí?  La verdadera adoración emana de corazones que son inundados por la visión de su inmerecido amor por nosotros.  Está basado en la revelación que Dios nos da de sí mismo - de su bondad, de su misericordia, de su prontitud para perdonar.  Por lo tanto, si hemos de adorar a Dios en espíritu y en verdad, nuestra adoración tiene que estar basada en esta poderosa verdad de él.

De hecho, una vez recibimos la revelación de la gloria de Dios, nuestra adoración tiene que cambiar.  Por qué?  Viendo su gloria cambia nuestra manera de vivir!  Afecta nuestro aspecto y comportamiento - cambiándonos de "gloria en gloria," haciéndonos más semejantes a él.  Cada nueva revelación de su amor y misericordia nos trae cambios sobrenaturales.

Estoy convencido de que esta es la única manera en que ocurren estos cambios perdurables.  No vienen por asistir a conferencias o seminarios, o escuchar predicadores famosos, o de leer mensajes en libros u oírlos en discos grabados.  No!  Viene de una revelación de Dios, y punto!  Y Dios nos ha dado esa revelación de si mismo en Exodo 34.

Al ver la gloria de Dios, también cambia nuestra relación con los demás.  Pablo le dice a la iglesia de Efeso: "Ustedes han visto y probado la gloria de Dios.  Ahora, sean un reflejo de esa gloria a otros!"  "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." (Efesios 4:32).

Mañana te hablaré acerca de andar en la gloria de Dios.

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