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viernes, 1 de julio de 2011

INTELIGENCIA DIVINA


¡A María se le dio inteligencia divina, sobrenatural
más allá de cualquier conocimiento intelectual!


Jesús se le apareció a María y le dio más revelación:

“…volvió la mirada y allí vio a Jesús de pie, aunque no sabía que era él. Jesús le dijo: --¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas? Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo: --Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él.” (versículo 14-15).

Maria estaba diciendo: “Entrégamelo. ¡Él es mío – mío!” Te pregunto: ¿Puedes creer que, aunque nadie más en la tierra conozca a Jesús, tú lo conoces? ¿Puedes creer que aunque nadie más en la tierra tenga a Jesús, tú lo tienes? ¡Después de todo, él es un Salvador personal! “¡Él es – mío!”

“María --le dijo Jesús. Ella se volvió y exclamó: --¡Raboni! (Que en arameo significa: Maestro).” (versículo 16).

¡Jesús sabe los nombres de aquellos que le aman – y él llamó a María por su nombre!

Entonces Jesús le dijo algo que no le había dicho a nadie. Y, haciendo esto, la hizo su mensajera a todos “los hermanos.” El próximo versículo lee: “…Suéltame,…” (versículo 17).

El griego original aquí significa: “Deja de apegarte a mí.” Jesús sabia que María no lo iba a soltar. Su corazón estaba gritando: “Te perdí una vez. ¡Pero nunca te volveré a perder!”

Seguro que tomó mucha valentía de parte de María para hacer caso a las palabras de Jesús. Ves, él le dijo que se iba por un tiempo. Él iba a ascender al Padre:

“Ve más bien a mis hermanos y diles: 'Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.'” (Versículo 17).

¡Amados, aquí tenemos otra gran revelación! Jesús estaba diciendo: “Regreso a casa a mi Padre, donde seré la cabeza de mi iglesia. ¡Pero tú también vas! Si, Dios es mi Padre – pero él es tu Padre también. ¡Y tú vas a ir conmigo!” Jesús estaba hablando proféticamente – acerca de estar sentado en lugares celestiales con su iglesia.

Rápidamente, María volvió a los discípulos. Estaban todos juntos en una habitación, probablemente limpiando su caña de pescar. Ahora bien, estos hombres tampoco eran teólogos, ellos entrenados por tres años a los pies del Maestro.

Y ahora, María entra con la revelación. Estos hombres tuvieron que sentarse a escuchar de una mujer que había oído de Jesús. ¿Te puedes imaginar la escena? “¿Qué te dijo?” “¿Cómo se veía él?” Maria simplemente contestó: “Todo lo que sé es que lo vi. ¡Y él me dijo que viniera aquí y les dijera algo!”



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