domingo, 7 de noviembre de 2010

LA DOCTRINA DE CRISTO


La marca de un creyente maduro es la negativa a ser llevado por doquiera de todo viento de doctrina. (Efesios 4:14) Estos creyentes no pueden ser manipulados por ningún maestro. Ellos no tienen necesidad de correr de aquí para allá porque están comiendo de la ROCA; están creciendo en Cristo; están dándose banquete en pastos verdes. Ellos han circuncidado sus oídos y han pesado a cada maestro, a cada doctrina, de acuerdo a como se ajusta a la santidad de Cristo. Ellos pueden discernir todas las doctrinas que son falsas y sienten repulsión por todas las nuevas y raras enseñanzas. Conocen a Cristo. Ellos no serán conmovidos por la música, los amigos, las personalidades, milagros, pero sí ¡por un hambre insaciable por la pura Palabra de Dios!



Solamente hay dos doctrinas: la de Cristo y la de Jezabel. Pablo dijo: "…que adornen en todo la doctrina de Nuestro Salvador Dios." (Tito 2:10). ¿Cuál es la doctrina de Cristo? La gracia de Dios nos enseña: "que renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente." (Tito 2:12). La doctrina de Cristo te hará conforme a la imagen de Cristo. Desenmascara todo pecado oculto y todo anhelo de maldad.

¿Está tu maestro reprendiendo con autoridad, hablándote y exhortándote a abandonar el pecado y derribar todos los ídolos como él es instruido en Tito 2:7? ¿Estás aprendiendo a odiar el pecado ardientemente? ¿O sales de la reunión de tu iglesia sin estar aún convencido? El mensaje de la doctrina de Cristo es: "Así que, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios." (2 Co.7:1).

Muchos nos escriben diciendo: "Nuestro pastor sigue diciendo: "Yo no estoy aquí para predicar en contra del pecado, yo estoy aquí para ensalzar a Jesús. Nada de ésa prédica de condenación desde éste púlpito, yo estoy aquí para quitar el miedo y la depresión a mi pueblo." Aún en los predicadores pentecostales hay dos extremos. Algunos vociferan un evangelio duro, legalista, sin amor, y de obras; mientras que otros predican acobardados en contra del pecado, mensajes sin contenido. Falso amor y lágrimas de cocodrilo.

Algunos nos dicen: "Mi maestro habla sobre santidad." Pero yo no me refiero a meramente usar las palabras "santo" y "piedad." Yo me refiero a predicarlas con toda autoridad. Predicar la doctrina de Cristo te bendecirá, te fortalecerá, y te animará, pero también te convertirá totalmente al extremo que no podrás estar en ella y aún tener algún arraigo por lujurias secretas.