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lunes, 30 de mayo de 2011

TE CONTARE COMO SALVO MI ROSTRO




  Déjame contarte como Dios me saco de mi enfermedad!
 

Yo estaba pasando por un tiempo tal de suspiros y gemidos profundos hace unos años cuando Dios me envió una palabra especial del cielo. Mientras caminaba por las playas de Talara, el Señor deposito esta palabra en mi corazón y la repetí una y otra vez hasta que la enfermedad sin nombre se levanto y se fue. La palabra era un verso sencillo: echando toda vuestra ansiedad sobre el, porque el tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7).

Ahora, es una cosa citar este verso y otra creerlo! Mientras caminaba por la playa, recordé que el Señor tiene cuidado de todo acerca de mi y lo que estoy pasando. Él es tocado por mis enfermedades. Y yo clame, Oh, Señor, realmente tienes cuidado de mi! Realmente me amas. Cuidas de mi continuamente!

De repente el Espíritu Santo susurro a mi alma: Ese es el secreto! Por esta razón me mando el Padre para ayudar a convencerte de su Palabra. Tienes que creer que no importa lo que estás pasando, no importa cual sea tu carga, él tiene cuidado de ti!

Dios no esta enojado contigo. El no se esta escondiendo de ti. Al contrario, su corazón es conmovido por ti. A él le importa todo lo que te afecta a ti. Lo crees, Israel? Echaras todas tus ansiedades y cuidados sobre él, todos tus pecados, fracasos, tribulaciones y necesidades?


Querido santo, si realmente crees que Dios te ama, y echas todos tus cuidados sobre él, puedes caminar en libertad gloriosa. Tu cara será levantada, como lo fue la mía! Ahora, mientras camino por las calles frías y desinteresadas de la Ciudad de Talara, echo todos mis cuidados sobre el Señor. Y me recuerda, Mi Padre celestial tiene su ojo sobre mi. Él me ama y le importo!


Y la próxima vez que vea a esa mujer sentada en la pobreza (la que les conté hace unos días que me sonrió diciendo "no puede ser tan malo" al ver mi rostro preocupado), puedo decir, Tienes razón realmente no hay nada malo en absoluto. Todo esta bien! Aleluya! Ahora he aprendido a sonreír en todo tiempo, no con una simple careta externa, sino, con un corazón que ha reposado en sus promesas. Amén.

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