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lunes, 5 de octubre de 2009

PASTOR DAVID WILKERSON Y EL FUEGO FALSO

Seguramente ustedes abran leído la obra literaria "La Cruz y el puñal" o visto la película del mismo nombre, bueno, pues fue el testimonio del Ps. David Wilkerson y su obra con los pandilleros de USA que muchos de nosotros fuimos edificados.
Aquí rescatamos este video donde el Ps. David Wilkerson predica en Rusia sobre la decepción de hoy en la iglesia Evangélica y Pentecostal. Una corriente de doctrinas falsas sobre prosperidad y un mover espiritual sin fundamente. Creemos que el Espíritu Santo se manifiesta pero esto es un total desorden. Miren y saquen sus conclusiones. Lo que verás en verdad es para llorar.
Recuerden que el Espíritu Santo convence al hombre de pecado, justicia y juicio.



Escribe aquí lo que se mostrará en "Leer Más"

LA PROMESA DE SU ADVENIMIENTO



Una de las grandes promesas que encontramos en la Biblia tiene que ver con la segunda venida de Cristo.

Su primera venida a este mundo fue una realidad innegable que primero había sido profetizada, en el Antiguo Testamento y luego fue confirmada por los escritores de los evangelios. La historia misma fue partida en dos por medio del impacto de su venida es por eso que hoy la historia la conocemos como “Antes de Cristo”, “Después de Cristo”. Ante esto podemos decir que si su primera venida fue una realidad lo será también la segunda venida.

Examinemos esta promesa:

I. JESÚS LO PROMETIÓ. (Juan 14:3)

A. La promesa de Jesús fue “vendré otra vez”

B. Jesús enfatizo que iba a preparar lugar para nosotros y además que convenía que él se fuera para que el Consolador viniera a dar vigor y fortaleza a la Iglesia.

C. Lo que el Señor espera es que no se turbe nuestro corazón, sino que esperemos su venida.

II. LOS ÁNGELES CONFIRMARON ESTA VERDAD (Hechos 1:9-11)


III. LOS ESCRITORES DEL NUEVO TESTAMENTO LA RESPALDARON CON SUS ESCRITOS (1ª Tesalonicenses 4:13-17; 2ª Pedro 3:1-4)

IV. NUESTRO CORAZÓN CONFIRMA QUE VENDRÁ MUY PRONTO.

CONCLUSIÓN:
¿Qué hacer mientras esperamos su venida?
Darle nuestro corazón, amarlo, servirle con todas nuestras fuerzas.


domingo, 4 de octubre de 2009

LOS DIACONOS



La parte 2 y 3 fueron eliminadas por superar el tiempo de 10min de youtube. Agradecemos su comprensión.





viernes, 2 de octubre de 2009

MARCAS DE UN DISCIPULO PARTE 4



Espero que no se aburran con este enfoque sobre lo que muestra quiénes son los verdaderos discípulos del Señor. Tengo la impresión de que hay muchos seudo-discípulos y falsos profetas, muchos que están diciendo “Señor, Señor” y haciendo señales pero no tienen fruto bueno. Me parece que es necesario practicar la auto-evaluación a la luz de pasajes que definen claramente el significado de la palabra “discípulo”.

En Juan 13:34,35 el Señor dice, “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” La marca del amor no puede faltar en un discípulo de Aquel quien es Amor. Juan se quedó tan impresionado con este Gran Mandamiento Nuevo que es la esencia de su primera carta también.
¿En qué sentido es nuevo? Es el viejo llevado al “N” cantidad y calidad. El Antiguo Testamento dice, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” pero Cristo nos dice, “Como Yo os he amado”, o sea, “N” veces más. Así que tenemos que preguntarnos, “’Cómo me ha amado Dios?” si hemos de entender cómo nos debemos amar los unos a los otros. Con amor eterno (Jer. 31:3), activo y no pasivo (Juan 3:16 y I Juan 3:16-18), sacrificial (Rom. 5:8), personal (Gál. 2:20) y con un propósito de salvarnos ha amado Dios a Su mundo.
Pablo describe el amor desinteresado y servicial en I Corintios 13:4-7, una linda canción que nos ilumina y motiva a entrar de lleno en la vida del amor que vivió nuestro Señor Jesús. Si yo sustituyo mi nombre en vez de “amor”, es un chiste o peor, una mentira. Si sustituyo el nombre Jesús por “amor”, es la verdad y nadie lo puede negar. Pero si pongo la frase “Cristo en mí” (véase Col. 1:27) en vez de “amor”, es una promesa divina. Veamos como suena...
Si yo hablara lenguas humanas y angelicales pero no tengo a Cristo en mí, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios, y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo a Cristo en mí, nada soy.
Y si diera mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo a Cristo en mí, de nada me aprovecha.
Cristo en mí es paciente,
Cristo en mí es bondadoso,
Cristo en mí no tiene envidia,
Cristo en mí no es jactancioso,
Cristo en mí no es arrogante,
Cristo en mí no se porta indecorosamente,
Cristo en mí no busca lo suyo,
Cristo en mí no se irrita,
Cristo en mí no toma en cuenta el mal recibido,
Cristo en mí no se regocija en la injusticia,
Cristo en mí se alegra con la verdad,
Todo lo sufre Cristo en mí,
Todo lo cree Cristo en mí,
Todo lo espera Cristo en mí,
Todo lo soporta Cristo en mí.
Amigos, esto y sólo esto es amar como Cristo amó. Es amar como Dios nos ha amado. Es amar al grado “N”. ¿Es posible? Sólo si puedo decir “Con Cristo estoy crucificado y ya no vivo yo sino Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” La cruz es necesaria para tener el amor divino en nuestros corazones en toda su plenitud. El Espíritu Santo tiene que fortalecer el hombre interior para que Cristo habite (more, viva, permanezca) en nuestros corazones por la fe. Entonces podemos conocer (comprender) el amor de Cristo y ser llenos de la plenitud de Dios. Pablo pidió estas cosas por los efesios (Ef. 3:14-19). ¿Las estamos pidiendo nosotros para nuestras vidas? Si es nuestra experiencia diaria podemos pedirlas para otros también, pero creo que no serán escuchadas nuestras peticiones que no estamos viviendo. El amor tiene que ser vivido y no sólo predicado, enseñado o pedido para otros.
Amigos, no hay nada más difícil en el mundo que tratar de vivir así en nuestra carne. Sólo el Espíritu de Jesús, llenándonos momento a momento, rebosando como manantial (Juan 7:37-39; Ef. 5:18) puede dar el fruto del amor. El es Amor. Es el discipulado que Jesucristo y Sus apóstoles vivieron y predicaron. ¿Cómo es el que nosotros vivimos y predicamos?